A nuestro señor Don Quijote de la Mancha, de Jesús Balmori

Señor de los poetas, de los desventurados
de todos los de ensueño de libertad turbados
de los que han hambre y sed de justicia en la tierra.
Señor de los esclavos, señor de las zagalas
en cuya frente baten las águilas sus alas
y en cuyo pecho España su corazón encierra

En la vida que es triste, que es llena de amargura
y que solo el amor salpica de ventura
como a ingrata doncella amante dadivoso
¿Qué corazón que suena, qué espíritu que adora
no convierte en princesa la humilde labradora
y no cree que Aldonza es la flor del Toboso?

Aún seguimos soñando castillos las posadas,
ejércitos de príncipes altivos las mesnadas
jardines encantados los páramos sin dueño.
Y en todos los instantes y en todos los caminos
todos vamos cayendo por luchar con molinos
y a todos nos destrozan las aspas del ensueño!

¿Qué sería del mundo sin el halo divino
que nos cubre lo mismo que el yelmo de Mambrino?
¿Qué sería la vida sin la dulce poesía
que ciega nuestros ojos con sus flotantes tules
para llenar el alma de límites azules
y partir con un Sancho el pan de cada dia?

¡Oh señor, ve que es cosa de gran desesperanza
salir por esos campos empuñando la lanza
a desfacer entuertos en sin igual empresa!
¡Luchar con la quimera hasta rendir los brazos
y azotarse las carnes hasta hacerlas pedazos
por romper el encanto que aduerme a una princesa!

Pero todos lo hacemos. Todos siguen de trote
no hay un hijo de España que no sea Quijote
y aunque vaya soñando, no haga el bien por doquiera.
Destrozado y herido le hallarán en la vida,
pero no habrá una herida más ideal que su herida
ni habrá estrella más alta que su noble quimera

Nada importa el que clama que su esfuerzo es locura
que es inútil su arrojo, que es fatal su aventura
¡Don Quijote discute todo eso con su lanza!
Y en tanto va ensartando malandrines follones
cargado de esperanzas, de ensueños, de visiones
por los campos del mundo avanza, avanza, avanza...

A su paso se llenan de flores los caminos
se abren todas las ventas, se callan los molinos
y aunque por todo oro lleve su sola historia
ante su porte triste, soberbio, vagabundo
el sol se para en lo alto de la frente del mundo
y como una campana de luz repica a gloria

1920