La bandera, de Fernando María Guerrero

Corre el torrente alborotado y ciego
y el Derecho parece una quimera
pero aún hay fe, y allí donde yo llego
ha de llegar conmigo mi bandera

Es bandera muy santa. Me la dieron
hombres ya muertos de mi propia raza.
Ellos la amaron mucho y defendieron
cuando tronó el insulto o la amenaza

Y hoy la defiendo yo. No es el torrente
la fuerza superior que la derribe
esa bandera es algo omnipotente
que flota y obsesiona y siempre vive

¡Vivirá!....Si algún día de mis manos
un golpe del azar la desprendiera
en pos de mi vendrían mis hermanos
a tremolar de nuevo esa bandera

Fija en la brecha está. Ese es su puesto
allí la encontrarán otras edades
allí irán a besar su hierro enhiesto
rayos de gloria o fieras tempestades

Allí la mirarán siempre clavada
flameando al sol las esperanzas mías
vieja quizá, pero jamás hollada
jamás vendida por el bravo Elías

Y Elias es mi hermano. Su firmeza
arde en todas las almas filipinas
y satura de fe nuestra cabezas,
ya las ciñan de flores o de espinas

¿Y qué brazo mejor que el brazo hermano
para sostén de la bandera amada?
Ese la salvaría del pantano
como la salva ahora y la levanta

¡Aleémosla!....Que llegue hasta los cielos
que ondee y que restalle muy arriba
que cubra con su gloria nuestros duelos
y que mantenga la esperanza viva

Y aunque ciego el raudal se precipite
y parezca el derecho una quimera
nadie mientras la fe no se marchite
podrá decir que ha muerto esa bandera.