Díptico, de Edilberto Lazcano

I
La campana

¡Oh España de sin par ejecutoria
que a tu cabeza unciste el universo!
Del sol de tu poder radiante y terso
hoy solo queda pálida memoria.
Mas ya hundida la torre de tu historia
bajo las olas de un olvido adverso
aún repica sonora como el verso
la campana gloriosa de tu gloria.
En el templo ideal del alma humana
es tu lenguaje esa inmortal campana
y es de su voz el eco soberano
la virtud de cien pueblos diferentes
para avanzar, seguros y valientes
por la ancha vía del progreso humano



II
Ramo desgajado

No lamentes, España, tu caída
si te hirió con su hachazo el elemento.
También lograste que impregnase el viento
la rica esencia que exhaló tu herida.
Y del árbol herido de tu vida
un ramo en flor se desgajó violento
que fue rodando a merced del viento
hasta hundirse en la mar embravecida.
Pero al cogerlo Dewey de la playa
vio que era un gajo de la mar malaya
florecido de perlas peregrinas.
El que se desgajó de tu existencia
llevándose tu amor, tu fe, tu esencia
el ramo en flor: mi patria, Filipinas

1922