A mi calle ilonga, de Guillermo Gómez-Rivera


Vetusta rúa de cansados sueños,
del Bilibid y parques sin verdor,
de casas solariegas sin sus dueños,
de acacias milenarias sin color.

Te vio mi adolescencia alegre y bella
avenida de recuerdos y desfiles.
Ahora te añoro por guardar la huella
de amores santos y ósculos gentiles.

Calesas, calesines y carruajes
cabalgaron ayer sobre tu lomo.
Hoy carros de chirriantes engranajes
transitan sin corcel ni mayordomo.
Las damas con sombreros y plumajes
¡se perdieron en vehículos de plomo!

Iloílo, 10 de enero de 1957

Socorro, de Edwin Agustín Lozada

Oh poeta, ven, te pido socorro.
Aclárame este dolor que yo siento.
Yo no sé si es azul, violeta o púrpura,
si viene, ay, de las noches perdidas,
espesas y ahogadas en el profundo
mar que atormenta mi paz temerosa,
frágil, tan inestable y angustiada,
o si viene del viento sanguinario
de la cruel verdad que me sigue espiando,
pero no se muestra y no me confiesa
lo que oculta, guarda y calla en sus ojos
negros, opacos, fríos, solitarios.

Poeta, profeta de los corazones,
mago que del caos de los sentimientos
plasmas y das vida a lo fugitivo,
a lo incomprensible y a lo confuso
con tus palabras, luciérnagas que
dan señales de vida y esperanza,
belleza y alegría, claridad
donde ha desaparecido la luz
volátil que tanto nos hace falta.
¡Poeta, consuélame con tus luciérnagas,
pequeñas estrellas, tan delicadas,
pero en mi alma, potentes como el sol!

2003

Mi último adiós, de José Rizal

¡Adiós, patria adorada, región del sol querida
perla del mar de oriente, nuestro perdido Edén!
A darte voy alegre la triste mustia vida
y fuera más brillante, más fresca, más florida
también por ti la diera, la diera por tu bien

En campos de batalla, luchando con delirio
otros te dan sus vidas sin dudas, sin pesar
el sitio nada importa, ciprés, laurel o lirio
cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio
lo mismo es si lo piden la patria y el hogar

Yo muero cuando veo que el cielo se colora
y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz;
si grana necesitas para teñir tu aurora
vierte la sangre mía, derrámala en buen hora
y dórela un reflejo de su naciente luz.

Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente
mis sueños cuando joven ya lleno de vigor
fueron el verte un día, joya del mar de oriente
secos los negros ojos, alta la tersa frente
sin ceño, sin arrugas, sin manchas de rubor

Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo
¡Salud te grita el alma que pronto va a partir!
¡Salud! Ah, que es hermoso caer por darte vuelo
morir por darte vida, morir bajo tu cielo
y en tu encantada tierra la eternidad dormir

Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día
entre la espesa yerba sencilla, humilde flor
acércala a tus labios y besa el alma mía
y sienta yo en mi frente bajo la tumba fría
de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor

Deja a la luna verme con luz tranquila y suave
deja que el alba envíe su resplandor fugaz
deja gemir al viento con su murmullo grave
y si desciende y posa sobre mi cruz un ave
deja que el ave entone su cántico de paz

Deja que el sol, ardiendo, las lluvias evapore
y al cielo tornen puras con mi clamor en pos;
deja que un ser amigo mi fin temprano llore
y en las serenas tardes cuando por mí alguien ore
¡Ora también, oh Patria, por mi descanso a Dios!

Ora por todos cuantos murieron sin ventura
por cuantos padecieron tormentos sin igual
por nuestras pobres madres que gimen su amargura
por huérfanos y viudas, por presos en tortura
y ora por ti que veas tu redención final

Y cuando en noche oscura se envuelva el cementerio
y solos sólo muertos queden velando allí
no turbes su reposo, no turbes el misterio
tal vez acordes oigas de cítara o salterio
soy yo, querida patria, yo que te canto a ti

Y cuando ya mi tumba de todos olvidada
no tenga cruz ni piedra que marquen su lugar
deja que la are el hombre, la esparza con la azada
y mis cenizas, antes que vuelvan a la nada,
el polvo de tu alfombra que vayan a formar

Entonces nada importa me pongas en olvido
tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré
vibrante y limpia nota seré para tu oído
aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido
constante repitiendo la esencia de mi fe

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores
querida Filipinas, oye el postrer adiós
ahí te dejo todo, mis padres, mis amores
voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores
donde la fe no mata, donde el que reina es Dios

Adiós padres y hermanos, trozos del alma mía
amigos de la infancia en el perdido hogar
dad gracias que descanso del fatigoso día
adiós dulce extranjera, mi amiga, mi alegría
adiós queridos seres, morir es descansar

1896

A España, de Rosario Dayot

Con lealtad y gratitud sincera
unida a ti por irrompible lazo
el alma filipina, en tu regazo
pone un beso de amor en tu bandera

Perdónala si evoca plañidera
de tu recuerdo el indeleble trazo
oh cuán dulce calor el de tu abrazo
para el que sufre en angustiosa espera

Mas... escucha sus votos inmarchitos.
Ni del tiempo los cursos infinitos
ni el nuevo rumbo de tutela extraña

extinguirán en tierra filipina
la fe en tu amor, la fabla cervantina
ni este grito supremo: ¡Viva España!

1922

A España, de Flavio Zaragoza Cano

España, nación gigante
cuyo poder sin segundo
un tiempo sostuvo el mundo
con las fuerzas de un atlante.
De mi lira de diamante
hoy brotan a tu memoria
las epopeyas de gloria
que admiró muda la tierra
cuando eras diosa de guerra
y emperatriz de la historia

Nadie humilló tu grandeza
ni violó tu independencia
porque el hierro de la ciencia
fue tu escudo de nobleza.
Cuando con torpe braveza
te hirió la gálica fiera
no pudo el ave guerrera
rasgar tu rojo estandarte
¡y el astro de Bonaparte
cayó al pie de tu bandera!

Con el libro y con la espada
de hemisferio en hemisferio
tuviste bajo tu imperio
la humanidad dominada,
y la tierra conquistada
fue por tus bravas legiones
cuando al llevar tus pendones
los adalides hispanos
cruzabas los oceanos
con tus Gamas y Colones

Así cruzaste los mares
con tu enseña vencedora,
que brillaba como aurora
de amor en extraños lares.
En montañas y en hogares
en el mar y en el boscaje
te dio el mundo vasallaje
y tu le diste tus ciencias
y la flor de tu lenguaje

Tus genios como titanes
del humano pensamiento
son soles del firmamento
y en la tierra son volcanes.
Colón, Vasco y Magallanes
almas grandes y divinas
las latitudes marinas
cruzaron con brava hazaña
llevando el pendón de España
de América a Filipinas

Jamás con garra sangrienta
extendiste tu dominio
que torpe sed de exterminio
tu corazón nunca alienta.
Tu magno poder se asienta
sobre un trono duradero.
Tras el fragor del acero
desde el Mayón a los Andes
tus hijos libres y grandes
recuerdan tu amor sincero

Hoy que nuevos invasores
pretenden romper el lazo
que en estrechísimo abrazo
une tan grandes amores
tu nombre en nuestros dolores
es vida y es acicate.
Y cuando el canto del vate
haga latir nuestro pecho
con la espada del Derecho
sostendremos el combate

Nunca podrá la absorbente
fuerza de las nuevas huellas
oscurecer tus estrellas
que brillan en nuestra mente.
Escrito está en nuestra frente
tu recuerdo soberano
y al recabar del tirano
nuestra sacra independencia
lo haremos con elocuencia
en lenguaje castellano

Y aún hay almas ingratas
que olvidando tu ternura
manchan con su baba impura
el amor con que nos atas.
Mas son en tu pecho innatas
la bondad y la hidalguía
y hoy que a relucir vuelve el día
tras la noche del olvido
el pueblo de gozo henchido
te llamará: ¡Madre mía!

¡Madre, sí! Porque nos diste
con la luz del primer beso
la alborada del progreso
que en nuestras tierras pusiste.
El pueblo agobiado y triste
por sus sueños no cumplidos
con tus recuerdos queridos
hace un broquel soberano.
¡Y hablamos en castellano
para no ser absorbidos!

1923

Blasón, de Jesús Balmori

Soy un bardo indohispano. En mi pecho cristiano
mi corazón es vaso donde mezclada está
la sangre de Legazpi, el capitán hispano
con la sangre tagala de la hija del Rajah

Con el talón hundido en olas y en espumas
esperé sobre el mar el galeón español
y España, al encontrarme, besó las rojas plumas
que en mi frente temblaban como rayos de sol

Era hermosa, era buena, era plena de amores
puse a sus pies mis lanzas, mis espigas, mis flores
le di mi corazón salvaje y oriental

Y desde entonces va en mi pecho desnudo
sirviéndome de férreo y de glorioso escudo
con su idioma divino y su sangre inmortal

A Magallanes, en el cuarto centenario del descubrimiento de Filipinas, de Enrique Fernández Lumba

En vano tu recuerdo y tu nombre esclarecidos
indignas almas viles intentan olvidar
los signos de tu gloria quedaron esculpidos
en páginas eternas del libro universal

Jamás el hombre aleve podrá borrar la estela
que tus sencillas naves dejaron en el mar
el genio de la historia por tu recuerdo vela
y tu glorioso nombre los siglos guardarán

La noche del olvido no puede con sus brumas
de tu memoria egregia las luces apagar
constante el mar azota las peñas y en espumas
tan solo se convierte su furia pertinaz

No en vano con tus naves cargadas de nobleza
de todo lo sublime que Iberia pudo dar
venciste los embates del mar y su fiereza
trayendo con tu espada la cruz y la verdad

Tu gloria es como el astro que intenso resplandece
mirar tal vez no quieran su bello fulgurar
pero su clara lumbre ni muere ni decrece
y en los espacios célicos luciendo siempre está

Mi débil voz te anuncia que tu gloriosa hazaña
trayendo a Filipinas ¡a mi adorado lar!
la lengua de Castilla, la fe de aquella España
los buenos filipinos jamás olvidarán

En vano la desidia pretenderá olvidarte
que el eco de tu nombre resuena sin cesar
se oye entre las ruinas que sirven de baluarte
a un ayer glorioso que nunca cederá

lo lleva entre los labios el hijo de esta tierra
nombrar a Filipinas tu nombre es pronunciar
si el tiempo borra un día la losa que te encierra
no temas, pues tu nombre jamás se perderá

Después de cuatro siglos aún tu gloria existe
aún recuerda el pueblo tu hazaña singular
que el tiempo ni los hombres la sangre que vertiste
borrar no pueden ellos del suelo de Mactán

¡Oh insigne Magallanes, bendita tu memoria!
¡Bendito aquel instante cuando cruzaste el mar
trayendo a estas regiones un nombre y una historia
y con la cruz de Cristo la luz de la verdad!

1921