A Magallanes, en el cuarto centenario del descubrimiento de Filipinas, de Enrique Fernández Lumba

En vano tu recuerdo y tu nombre esclarecidos
indignas almas viles intentan olvidar
los signos de tu gloria quedaron esculpidos
en páginas eternas del libro universal

Jamás el hombre aleve podrá borrar la estela
que tus sencillas naves dejaron en el mar
el genio de la historia por tu recuerdo vela
y tu glorioso nombre los siglos guardarán

La noche del olvido no puede con sus brumas
de tu memoria egregia las luces apagar
constante el mar azota las peñas y en espumas
tan solo se convierte su furia pertinaz

No en vano con tus naves cargadas de nobleza
de todo lo sublime que Iberia pudo dar
venciste los embates del mar y su fiereza
trayendo con tu espada la cruz y la verdad

Tu gloria es como el astro que intenso resplandece
mirar tal vez no quieran su bello fulgurar
pero su clara lumbre ni muere ni decrece
y en los espacios célicos luciendo siempre está

Mi débil voz te anuncia que tu gloriosa hazaña
trayendo a Filipinas ¡a mi adorado lar!
la lengua de Castilla, la fe de aquella España
los buenos filipinos jamás olvidarán

En vano la desidia pretenderá olvidarte
que el eco de tu nombre resuena sin cesar
se oye entre las ruinas que sirven de baluarte
a un ayer glorioso que nunca cederá

lo lleva entre los labios el hijo de esta tierra
nombrar a Filipinas tu nombre es pronunciar
si el tiempo borra un día la losa que te encierra
no temas, pues tu nombre jamás se perderá

Después de cuatro siglos aún tu gloria existe
aún recuerda el pueblo tu hazaña singular
que el tiempo ni los hombres la sangre que vertiste
borrar no pueden ellos del suelo de Mactán

¡Oh insigne Magallanes, bendita tu memoria!
¡Bendito aquel instante cuando cruzaste el mar
trayendo a estas regiones un nombre y una historia
y con la cruz de Cristo la luz de la verdad!

1921